Guías y oraciones para la lectura de Biblia

Con esta guía y oraciones podrás apoyarte para leer la Biblia Católica todos los días, un gran ejercicio para hacer crecer tu vida espiritual.

  1. Busca un lugar adecuado en el que se pueda estar en silencio y, preferiblemente, ambientado con alguna imagen, un cirio y la Sagrada Escritura.

  2. A continuación, haz algún ejercicio de respiración profunda que te ayude a ubicarte, relajarte y disponer la mente y el corazón para escuchar la Palabra.

  3. Una vez apaciguados los sentidos y la mente, invoca al Espíritu Santo. Puedes decir una oración breve y repetirla continuamente, algo así como: “Ven, Espíritu Santo, ilumina mi mente y abre mi corazón para acoger tu Palabra”. O, puedes recurrir a una oración más extensa y decirla despacio: “¡Oh Señor, te ruego que el ardor abrasador y dulcísimo de tu amor tanto absorba mi mente, librándola de todo apego terrenal, que pueda morir yo por amor de tu amor, oh tú que por amor de mi amor te dignaste morir!”. O la oración de san Francisco ante el Cristo de san Damián: “Oh Alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón. Dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento para que cumpla tu santo y verás mandamiento”. O, bien, recurrir a uno de los himnos antiguos:

    Ven, Espíritu Creador,
    visita las almas de tus fieles
    llena con tu divina gracia,
    los corazones que creaste.


    Tú, a quien llamamos Paráclito,
    don de Dios Altísimo,
    fuente viva, fuego,
    caridad y espiritual unción.


    Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
    Tú, dedo de la diestra del Padre;
    Tú, fiel promesa del Padre;
    que inspiras nuestras palabras.


    Ilumina nuestros sentidos;
    infunde tu amor en nuestros corazones;
    y, con tu perpetuo auxilio,
    fortalece la debilidad de nuestro cuerpo.


    Aleja de nosotros al enemigo,
    danos pronto la paz,
    sé nuestro director y nuestro guía,
    para que evitemos todo mal.


    Por ti conozcamos al Padre,
    al Hijo revélanos también;
    Creamos en ti, su Espíritu,
    por los siglos de los siglos


    Gloria a Dios Padre,
    y al Hijo que resucitó,
    y al Espíritu Consolador,
    por los siglos de los siglos. Amén.


  4. Lectura (Lectio)
    Texto: Escoge un pasaje de las Escrituras, podría ser el texto del evangelio del día o del domingo siguiente e incluso, un texto que quieras contemplar para eliminar una situación personal que estés viviendo.
    Lectura: Lee el texto lentamente, dejando que cada palabra y frase penetre en tu corazón.
    Lee varias veces, prestando atención a cualquier palabra o frase que te llame la atención.

  5. Meditación (Meditatio)
    Reflexión: Medita sobre el texto, preguntándote qué te está diciendo Dios a través de estas palabras. En el contexto franciscano, busca cómo el texto te invita a vivir más plenamente el Evangelio en simplicidad, humildad y amor hacia toda la creación.
    Interiorización: Permite que el mensaje del texto penetre profundamente en tu corazón.
    Reflexiona sobre cómo puedes aplicar estas enseñanzas en tu vida diaria.

  6. Oración (Oratio)
    Respuesta: Habla con Dios desde tu corazón, respondiendo al mensaje que has recibido en la meditación. Puedes agradecer, acoger el perdón de Dios, o pedir ayuda para vivir según lo que el texto te ha inspirado. Es importante ser consiente de tus sentimientos y emociones y expresárselas al Señor.

    Modalidades de oración: Es importante este diálogo personal e íntimo con el Señor porque es la oportunidad de estar con él “como está un hombre con su amigo” (Ex 33, 11). La oración puede ser de gratitud, de alabanza, de intercesión, de petición. Lo importante es que brote desde la gratuidad del encuentro y desde tu corazón.

  7. Contemplación (Contemplatio)
    Silencio: Permanece en silencio ante Dios, disfrutando de su presencia. No se trata de pensar o analizar, sino de descansar en el amor de Dios, permitiendo que su paz y su amor te llenen. Adoración: La adoración consiste en la actitud de contemplar con asombro el indecible y eterno amor de Dios, recreándose en él y agradeciéndolo.

  8. Restitución (Actio)
    Compromiso: Pregúntate cómo puedes llevar lo que has meditado a tu vida diaria, especialmente en la vivencia del amor, la paz, y la simplicidad según el espíritu carismático de un hermano menor.

    Oración final: Termina con una oración de agradecimiento y pide la gracia para vivir lo que has meditado. Orar con nuestro padre, puede ser una buena forma de cerrar.

    De la carta a todos los fieles (CtaF)

    Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros miserables hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que interiormente limpiados, interiormente iluminados y por el fuego del Espíritu Santo abrasados podamos seguir la huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y a ti, Altísimo, llegar por sola tu gracia, que en Trinidad perfecta y en simple Unidad vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén.